Martin Fowler, (el señor de los patrones de diseño) acaba de publicar un artículo muy interesante sobre como las patentes pasaron de ser uno de los más importantes inventos de la historia, a ser un obstáculo para la innovación, y por qué básicamente toca acabarlos.
En resumen, desde la época del primer emperador romano Augustus (antes de Cristo) hasta el siglo XVII no hubo avances en la humanidad, los trabajadores hicieron las cosas igual por generaciones y generaciones, ganaban lo mismo y se gastaban el mismo tiempo haciéndolo.
De repente, llega el siglo XVIII y bababum, todo cambia, en Inglaterra comienza la Revolución Industrial y en vez de trabajar horas para conseguir un pedazo de pan, se trabaja minutos, y un obrero común y silvestre comienza a vivir mejor que un rey un par de generaciones antes.
¿Que rayos sucedió? Aparentemente, sucedieron las patentes. Los inventores tenían gracias a ellas un incentivo y protección para innovar, el poder de la industria ya no estaba solo en las manos de los ricos, sino de los científicos locos.
Las patentes, como fueron concebidas en la Revolución Industrial, le permitían a los inventores tener un monopolio temporal de 14 años de sus creaciones, siempre y cuando fueran útiles y novedosas (no obvias). El problema es que en la actualidad, se patenta todo (incluso la teletransportación), las patentes duran más (20 o más años), cuando el ritmo en el que cambian las cosas es mucho mayor e incluso existen compañias (patent trolls) que solo se dedican a comprar patentes de empresas quebradas y a demandar (el caso de Oracle que compró a Sun para demandar a Google viene a la mente).
Las patentes se convirtieron en una herramienta pa’ demandar y conseguir dinero, y muchas empresas no sacan productos temiendo ser demandados. En Estados Unidos los costos de una demanda de este tipo llegan a ser de $1 millón de dólares en promedio, así que si a uno lo demandan, es preferible rendirse y conciliar.
Es tan absurda la situación que Microsoft gana más dinero de regalías por patentes de los celulares Android ($5 dólares por cada celular de HTC), que por sus celulares Windows Phone, gracias a una demanda y conciliación del 2010. Recientemente, Apple y Microsoft (entre otras compañias), compraron las patentes de la quebrada empresa canadiense Nortel por más de $4.000 millones de dólares (todos los días hay noticias por el estilo).
La caída en desgracia de las patentes no es reciente, en el mismo siglo XVIII, Benjamin Franklin, uno de los “7 padres fundadores” que lideraron la independencia de Estados Unidos, una especie de Leonardo DaVinci gringo (político, músico, científico, escritor, humorista, etc), que entre otras cosas, inventó las gafas bifocales y “descubrió la electricidad” (famosa historia de la cometa), le fue robado un diseño de una estufa. Franklin regaló el invento al mundo, otra persona en Inglaterra consiguió un panfleto de la estufa, le hizo unos cambios pequeños (y de hecho la empeoró), lo patentó todo y se hizo millonario.
Si fuera por las patentes, en la actualidad no tendríamos las sillas de 6 patas de Homero Simpson.
Aquí hay una listica de patentes absurdas y chistosas de BusinessWeek.
Foto de la silla (cnet y homer inventions)


